Todos somos nadie

Existen dos clases de pobrezas, la intelectual y la del fondo de los bolsillos y luego existe una tercera que es la peor de todas: la que resulta de la suma de las dos anteriores, la de aquellos que lo intelectual parecen tenerlo sólo en el interior de los bolsillos vacíos. Mediocridades, sin embargo, hay muchas, todo un espectro de medio llenos y medio vacíos, de intelectualidades disfrazadas o aparentes que oscilan desde la pobreza absoluta hasta la mayor de las riquezas y cuya luz no suele valer para iluminar nada más que el rostro de sus dueños.

En esta medianía cromática es en la que se instala toda esa escala social que aún hoy orgullosamente se autodenomina “clase media” obviando conscientemente que el adjetivo que la reúne no habla más que de mediocridad. Como dice en este libro uno de sus ecuestres personajes: “¿Sabe usted que “término medio”, significa “triste mediocridad?” Yo digo: id en primera clase o en tercera, casaos con una duquesa o con una fregona. El término medio implica respetabilidad y la respetabilidad miedo y ñoñería.

Pero el hábito no hace al monje y tanto hoy como hace un siglo, esa ñoña clase media puede subirse al  (LEER MÁS EN ÁMBITO CULTURAL)

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