De dudosa legalidad

 El horizonte de Madrid visto desde la distancia resulta estar más negro que los cojones de un grillo.  No es algo que tenga que ver con el 2020 ni sus discutidos o ridículos juegos olímpicos ni con la futura buena o mala gestión de la señora  Botella, no. Este es un horizonte de terrible inmediatez. Es el horizonte que componen edificios y avenidas, el mismo sobre el que cada año se nos señala: “Disculpen pero esto está menos saneado que las cuentas de la banca”.

 Este principio de año no huele a chamusquina como todos pensábamos sino a dióxido de nitrógeno. Y es que la capital se ha puesto a lanzar humo como una locomotora de carbón, superando el 35% de lo permitido, o sea, un cuarto largo de lo legal y todo lo que tenía previsto para el curso de 2012. Se parece mucho a un fumador que siempre está fumándose el último pitillo, de ésta que lo dejo. Lo raro es que nos sorprenda, porque estar por encima de lo “legal” es de resultas Más

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Últimas Cartas de Tomás Moro

En 1530, Inglaterra no parecía un lugar amable para pasar unas vacaciones y, menos aún, para progresar y hacerse ver. Las intrigas palaciegas de Enrique VIII, que la serie los Tudor ha puesto de nuevo en boca de las masas con cierto rigor histórico y pésima caracterización, mantenían al país en un continuo estado de alerta en el que los amigos bien podían ser enemigos y los enemigos, amigos. En el epicentro de este drama Shakespeareano o, lo que viene siendo lo mismo, grecolatino, se encuentra el hombre que hoy me atañe, Tomás Moro, y sus Últimas cartasrecientemente editadas y que he leído con creciente atención conforme, como una bola de nieve ladera abajo, avanzaban hasta la muerte y describían así, tomando peso progresivo, la historia de la época.

En 1532, fecha en la que comienza esta última correspondencia, han quedado ya lejos los grandes escritos de Tomás Moro. Su Utopía lleva 16 años editada, al igual que La respuesta a LuteroLa Vida de Pico della Mirandolla. Tomás es un hombre casado en segundas nupcias con una familia ancha que, aquejado por un problema cardiaco, abandona todos sus deberes para con su rey y con la política del estado. El problema cardiaco (del que no hay constancia de que fuera incierto) le sirve como coartada perfecta para buscar un retiro necesario. Su negativa a apoyar positivamente el matrimonio de Enrique con la Bolena y su falta de intervención a favor de la dispensa papal para que el bueno de Enrique (es un decir) pudiera separarse de Catalina de Aragón, le han dado más enemigos que amigos y un retiro de la vida pública parece lo más adecuado. Y lo era, adecuado, aunque (LEER MÁS EN AMBITO CULTURAL)

 

Tolstói, o ese hombre solo ante los tanques de Tiananmen


Lev Nikolaevich Tolstói, también conocido LevTolstóio León Tolstói, del que Máximo Gorki dijo “este hombre es como Dios”, del que Trotsky señaló que su fuerza le recordaba al Pentateuco, o del que Harold Bloom escribió; “es como leer a Homero, uno siente que la voz narradora es la del Único”, escribió, a sus 65 años de edad, El reino de Dios está en vosotros, la obra que aquí nos atañe, y que Kairós publica, por vez primera en Español, con motivo del centenario de la muerte del maestro. El reino de Dios está en vosotros, la obra cumbre del pensamiento tolstoyano viene a cerrar el ciclo emprendido por títulos como Confesión, ¿En que consiste mi fé? y la Crítica a la teología dogmática.Títulos, todos ellos, alejados de lo narrativo y cuya verdadera fuerza motriz surge de un tormento cierto y de una profunda crisis espiritual (en una época en la que una crisis espiritual era algo muy serio, no en vano la gente se batía en duelo por fruslerías). Tolstói, asus 65, ya no quiere contar, inventar, imaginar. Tolstói desea exponer, convencer y ser escuchado. Ya no desea que Ana Karenina le bese las puntas de los zapatos. (LEER MÁS EN ÁMBITO CULTURAL)

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