Todos somos nadie

Existen dos clases de pobrezas, la intelectual y la del fondo de los bolsillos y luego existe una tercera que es la peor de todas: la que resulta de la suma de las dos anteriores, la de aquellos que lo intelectual parecen tenerlo sólo en el interior de los bolsillos vacíos. Mediocridades, sin embargo, hay muchas, todo un espectro de medio llenos y medio vacíos, de intelectualidades disfrazadas o aparentes que oscilan desde la pobreza absoluta hasta la mayor de las riquezas y cuya luz no suele valer para iluminar nada más que el rostro de sus dueños.

En esta medianía cromática es en la que se instala toda esa escala social que aún hoy orgullosamente se autodenomina “clase media” obviando conscientemente que el adjetivo que la reúne no habla más que de mediocridad. Como dice en este libro uno de sus ecuestres personajes: “¿Sabe usted que “término medio”, significa “triste mediocridad?” Yo digo: id en primera clase o en tercera, casaos con una duquesa o con una fregona. El término medio implica respetabilidad y la respetabilidad miedo y ñoñería.

Pero el hábito no hace al monje y tanto hoy como hace un siglo, esa ñoña clase media puede subirse al  (LEER MÁS EN ÁMBITO CULTURAL)

Una habitación doble, por favor

Una habitación doble es aquel espacio que dos comparten sin acostarse juntos.Habitualmente se trata de un lugar fronterizo, alquilado o ajeno al hogar. Bien puede compartirse con un desconocido, bien con un conocido que a veces acaba por no parecérnoslo, bien con un extraño que acaba por hacérsenos cercano. Normalmente en unlugar así las personas se desenvuelven de un modo torpe, recelosos de su intimidad pero al mismo tiempo incapaces de esconderla.

Habitación doble también es el título de la última novela ganadora del III Premio de Novela Otras Vóces Otros Ámbitos y que le ha sido entregado a Luis Magrinyà, su autor, hace apenas un mes. De Luis, hasta la fecha, yo no había leído nada salvo alguna reseña aparecida en los medios y, de Luis, hasta la fecha, yo no había escuchado más que buenas palabras: “Es un tipo muy majo”. “Sí, escribe bien, pero además es muy majete”. “Yo me tomé un café con él y me pareció muy atento”.

Tuve la oportunidad de conocerle en la comida que se celebró con motivo de la entrega del premio y el galardón. El galardón en sí Luis se lo dejó en el Hotel Kafka durante el acto (quizá pensó que la escultura era como el toisón de oro y había que devolverlo). Yo me acerqué a los postres con la excusa de llevárselo. Tuve tiempo de descubrir que (LEER MAS EN AMBITO CULTURAL)

Perder la virginidad en un sofá Klippan.

 Este será un año bonito. Hasta donde me llegan las informaciones entre amigos y conocidos me salen algo así como seis o siete libros (novelas, ensayos y demás asuntos) que se verán publicados a lo largo de este ciclo editorial. Para los más de ellos será su primera vez con todo lo que las primeras veces conllevan: ansiedad, deseo, tensión, ilusión y, esperamos que, al menos en esta ocasión y no como en otras primeras veces, sin eyaculatio precox ni gatillazos. La buena noticia se acompaña de que gran parte de esta caterva de nuevos autores pertenecen mas o menos a mi generación (siete años arriba, siete abajo) lo que los acerca de modo natural a mi estima y mi ilusión. Una de las primeras en perder esta virginidad (además en femenino lo cual hace que con la metáfora se me froten las manos solas) ha sido Ángela Medina, con su recién estrenada novela titulada: Pañales y Cerveza y recientemente publicada por Demipage editores.

Durante mis años de estudio disperso y fiesta infinita se cansaron de repetirme aquello de que Más

Ese otro holocausto

Las vacaciones lo son, en mi caso, en todos los sentidos. Abandono la tarea regular de escribir y abandono con ella el resto de ritos que, durante el año, soportan la metodología de mi existencia. Uno huye de la capital, del rebaño de las cosas de su casa, de las lecturas novedosas (entendidas como novedad) de amigos, conocidos y editoriales cercanas y busca refugio en lo ocioso. También es la época en la que se acostumbra a leer clásicos mamotretos que uno había dejado en reposo o en stand by para épocas que permitieran una lectura remolona como la de los cerdos en la cerdería del barro. Uno de estos ladrillos capaces de sostener una casa de adobe en Somalia es La Familia Moskat, novela ejemplar del Premio Novel Bashevis Singer que me ha acompañado durante la época estival y que he leído al lado de un arroyo y bajo un sol pacificador de Agosto, nublado en el norte de Hispania. Sobra decir que aquel que lee a Bashevis cae siempre en su red como un molusco. Novelas como Más

Dispersas las lecturas de Domingo.

En ciertas ocasiones los escritores se confabulan para servirte en un par de meses tres sendas novelas a un mismo tiempo que, te tienes que leer. Amistad obliga. Hablo de D. Torres, Rafa Reig y Orejudo. De los tres al que menos conozco es a Orejudo, sólo le vi una vez, en un cumpleaños de Eduardo Vilas, y no creo siquiera que se acuerde de mi. Me mostré humilde y reservado. Es por eso que lo leo quizá con mayor  interés. Cumple ese antiguo requisito indispensable (aunque ya en desuso desde el Facebook) del escritor difícil de alcanzar, escondido, remoto en un pueblo de la Alsacia, sin número de teléfono ni página web a la que acudir. A Rafa y a Torres los he visto en apuros, días alternos y con cierta asiduidad, y Más

Las cosas que Hace Terry Pratchett

De un tiempo a esta parte parezco adolecer de una extraña enfermedad que, como el pulgón afecta a las hojas de los árboles, afecta a las páginas de mis lecturas. Esta falsa madurez (¿o debiera decir farsa?) lejos de traerme como regalo esa ansiada tranquilidad de pensamiento y ese reposo filosófico que uno espera (cuando es joven) del insensato asunto de crecer, me ha traído una concentración diasporista y sumamente difícil de hacer encajar con la lectura. Los libros se me hacen mayores y pesados en las manos y todo pensamiento y reflexión que en ellos desee ir más allá de algún preescolar destino, me supera con creces, me aburre y me encoleriza hasta el profundo sueño de la rabia. Digiero mal, como un viejo con dentadura recién instalada en la boca, y no deseo achacárselo a la literatura o a aquello que se trata como alta literatura (Coetzes, Bernhards, Piglias, Pynchons y Bolaños) sino a ciertas preocupaciones que, en el pan del día a día, se me hacen de miga demasiado grande y que  la literatura me recuerda cuando es demasiado densa y harinosa. LeCarré me ayudó apasionadamente a lo largo de esta enfermedad, del mismo modo en el que lo hicieron los clásicos de aventuras; Stevenson, Dumas,  Doyle y otros compañeros de viaje con gratas intenciones de hacerme pasar el rato sin grandes y otras más profundas ambiciones.

Estas navidades, mientras buscaba en lucha fraticida un regalo digno de mi hermano (que suma 10 años y se ha dejado el pelo a lo cacerola) y después de comprar un videojuego para ganarme su ilusión, me vi moralmente enfrascado en las baldas de libros juveniles de la FNAC, en busca de un volumen que Más

Últimas Cartas de Tomás Moro

En 1530, Inglaterra no parecía un lugar amable para pasar unas vacaciones y, menos aún, para progresar y hacerse ver. Las intrigas palaciegas de Enrique VIII, que la serie los Tudor ha puesto de nuevo en boca de las masas con cierto rigor histórico y pésima caracterización, mantenían al país en un continuo estado de alerta en el que los amigos bien podían ser enemigos y los enemigos, amigos. En el epicentro de este drama Shakespeareano o, lo que viene siendo lo mismo, grecolatino, se encuentra el hombre que hoy me atañe, Tomás Moro, y sus Últimas cartasrecientemente editadas y que he leído con creciente atención conforme, como una bola de nieve ladera abajo, avanzaban hasta la muerte y describían así, tomando peso progresivo, la historia de la época.

En 1532, fecha en la que comienza esta última correspondencia, han quedado ya lejos los grandes escritos de Tomás Moro. Su Utopía lleva 16 años editada, al igual que La respuesta a LuteroLa Vida de Pico della Mirandolla. Tomás es un hombre casado en segundas nupcias con una familia ancha que, aquejado por un problema cardiaco, abandona todos sus deberes para con su rey y con la política del estado. El problema cardiaco (del que no hay constancia de que fuera incierto) le sirve como coartada perfecta para buscar un retiro necesario. Su negativa a apoyar positivamente el matrimonio de Enrique con la Bolena y su falta de intervención a favor de la dispensa papal para que el bueno de Enrique (es un decir) pudiera separarse de Catalina de Aragón, le han dado más enemigos que amigos y un retiro de la vida pública parece lo más adecuado. Y lo era, adecuado, aunque (LEER MÁS EN AMBITO CULTURAL)

 

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