ÉRASE UNA VEZ UN MUNDO AL REVÉS.

Una de las mejores cosas de votar sin duda, es que, pese a que llevo ocho años en la ciudad de los cielos ilimitados, continúo empadronado en la capital económica vasca, el Gran Bilbao llamado Gran por su corazón ya que dudo que sea por su ensanche aún incluyendo las dos márgenes hasta el mar. Ésta, a todas luces descabellada desviación territorial que no me permite acceder a ayudas en la generalísima capital, me permite encontrar una excusa para visitar a mi madre y asistir con ella y mis amigos a mi viejo colegio de infancia así como a los posteriores recuentos. Los vemos con el ansia en la boca, los celebramos como partituras de Beethoven. Obligados por una tradición familiar mi madre y yo, así como mis amigos, nos cambiamos los votos así que yo voto a lo que ella vota y ella vota a lo que yo voto y mi amigo vota lo del otro y el otro lo del de mas allá. Se trata de un humilde ejercicio democrático que intentamos trasladar desde los salones de nuestras casas hacía toda la ciudadanía.
Sobra decir que desde mi más tierna infancia la única razón que me hacía desear ser mayor de edad era Más

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Romance de la Mala Noche.

El presidente lo mira mira, el presidente lo está mirando. Plancha su traje rosado en su lóbrego despacho. En la Moncloa vacía, rayan las horas el cuarzo. El presidente lo mira mira, el presidente lo está planchando.

En un cenicero verde se despereza un cigarro; el presidente lo fuma fuma; el presidente lo está fumando. Recuerda que a Tio Pepe, de noche iba disfrazado. Oteaba Madrid entero, en su gárgola de estaño. El presidente lo mira mira, Madrid se aleja trotando.

En el aire conmovido, mueve su Madrid las manos; miles de manifestantes, ya no quieren ser salvados. El presidente lo plancha plancha, el presidente lo está planchando. Mira su traje de rojo en su lóbrego despacho. La Z se ha despegado abierta por las costuras. Es una herida de hilo, es una herida profunda. El presidente lo huele huele, huele la sangre electiva.

SuperObama vigila, arriba en la Casablanca, SuperObama no coge, el teléfono que llama. La línea de la Moncloa va sin tensión por sus cables. El presidente lo marca marca, el presidente lo está marcando. Todo aquel Superequipo le ha dejado abandonado.

Sthepen Hawkins está con Charles Xavier.

La SupermutanteGadafi no atiende al contestador.

Merkelwoman la intrépida, también le ha dado de lado.

Teléfono de Moncloa debe de estar averiado; las baldas lo miran miran, con libros acartonados; reposa en la mesa blando, como blando está el cigarro. El presidente lo plancha plancha, plancha su traje rosado. La P se está desangrando la Z se ha despegado. El presidente no sabe, que quieren sus ciudadanos.  El presidente lo vela vela, el presidente lo está velando; su gobierno de criptonita está en las urnas temblando.

Por el teléfono rojo, suena un tono rezagado, SuperObama lo llama para darle el resultado. El líder se acerca acerca, tocando el tambor en vano. En la Moncloa vacía tiene los ojos cerrados. Obama le dice dice, le dice que le han echado.

Sthepen Hawkins está con Charles Xavier.

La Supermutante Gadafi se ha dormido en su laurel.

Merkelwoman la intrépida, siquiera se ha preocupado.

Aquel Supergrupo entero lo ha dejado abandonado.

El presidente lo plancha plancha, plancha su traje rosado. En la noche del gobierno, se apagan ya los cigarros. Por la ventana exultante, Madrid agita sus brazos, miles de manifestantes, ya no quieren ser salvados. El presidente lo prueba prueba, prueba su traje rosado. La P se está desangrando la Z se ha despegado, por la hemorragia del hilo, se va su poder temblando.

Al presidente le asoma, blanco el ombligo de plata; por las costuras del traje, los kilos de la campaña. El presidente se mira mira, el presidente se está mirando, en el espejo es tan sólo, un pobre hombre disfrazado.

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