Una habitación doble, por favor

Una habitación doble es aquel espacio que dos comparten sin acostarse juntos.Habitualmente se trata de un lugar fronterizo, alquilado o ajeno al hogar. Bien puede compartirse con un desconocido, bien con un conocido que a veces acaba por no parecérnoslo, bien con un extraño que acaba por hacérsenos cercano. Normalmente en unlugar así las personas se desenvuelven de un modo torpe, recelosos de su intimidad pero al mismo tiempo incapaces de esconderla.

Habitación doble también es el título de la última novela ganadora del III Premio de Novela Otras Vóces Otros Ámbitos y que le ha sido entregado a Luis Magrinyà, su autor, hace apenas un mes. De Luis, hasta la fecha, yo no había leído nada salvo alguna reseña aparecida en los medios y, de Luis, hasta la fecha, yo no había escuchado más que buenas palabras: “Es un tipo muy majo”. “Sí, escribe bien, pero además es muy majete”. “Yo me tomé un café con él y me pareció muy atento”.

Tuve la oportunidad de conocerle en la comida que se celebró con motivo de la entrega del premio y el galardón. El galardón en sí Luis se lo dejó en el Hotel Kafka durante el acto (quizá pensó que la escultura era como el toisón de oro y había que devolverlo). Yo me acerqué a los postres con la excusa de llevárselo. Tuve tiempo de descubrir que (LEER MAS EN AMBITO CULTURAL)

anatomía del miedo.

de José Antonio Marina.

Ed. Anagrama.

Si decimos José Antonio Marina, no necesitamos muchas mas presentaciones. Sabemos de que hablamos porque como algunos miedos, esos que son aprehendidos, el nombre de José Antonio Marina, se acerca a nosotros desde el imaginario común; No en vano nos hallamos ante uno de los filósofos y ensayistas Españoles mas leídos por el público mayoritario, rasgo que si bien; siempre es reflejo de algo en este caso puede ser de algo confundido si se piensa de forma negativa. Marina está cerca del público porqué es un pedagogo nato de lenguaje divulgativo y de ritmo desahogado, porqué su interés es humano (no olvidemos la sociedad es un conjunto de seres humanos) o sea, su interés es también social, y en último caso, quizás uno de los mas importantes y más dejados de lado, Marina es un filósofo positivista.

Si, positivista, cosa que puede resultar rara si se observa el título del libro que nos traemos entre manos; Anatomía del miedo, o la portada que lo ilustra; un detalle lateral del Infierno sacado de  El jardín de las delicias del Bosco, así como los nombres de los múltiples acompañantes que Marina nos propone para este viaje (en el que avanzaremos como el Orfeo de Rilke (a bocados enormes, sin detenernos a masticar) y que nos asaltarán a lo largo del recorrido; nombres como el del brillante Heidegger, el alegre Kafka, el paciente Sartre, el humanista de Kierkegaard o el estoico Spinoza, entre otros.

¿Positivista entonces? Si, positivista, y baste para ello recordar la trayectoria que Marina se propone a si mismo en cada una de sus obras (y que son un mismo todo, como las relaciones neuronales o las raíces de un bosque, Marina también es Horticultor) esa  trayectoria que va, como oscila el lenguaje del sonido al concepto, desde la neurología hasta la ética, desde la Oscuridad del cognos, hasta la luz de la razón y de la elección. Positivista porque siempre, en último grado, confía en esta ética, cree en ella y en unos valores, que aunque acierta enunciando; “vivimos sin embargo en un periodo de escepticismo ético” se ven azuzados y vivos cuando él nos recuerda que el hombre, todo individuo, tiene en si la capacidad de la “Energía creadora, la virtud de realizar lo excelente”, excelencia esta, que en Anatomía del miedo tomará forma en el acto del Valor, en la Valentía, enunciada en un último capítulo del volumen que bien pudiera estar publicado aparte (se lo merece) y que es una elegía al valor perfectamente razonada y razonable (que nadie se asuste pues existen “valores” y “valores” y entre ambos debe siempre de haber un diálogo para que la cosa sea razonable) y que en nuestro viaje “como los antiguos viajeros buscaban la fuente de la eterna juventud” se plantea como una salida al miedo; como esa luz de la que ya hablamos antes y que el ojo no olvida una vez conquistada.

¿Positivista? Vale. ¿Pero que más? ¿Qué más?   Nos preguntamos justo ahora, al entrever a nuestro lado, en el pasillo, una sombra audaz que recorre rápida el vértice del ojo; Lingüista, lingüista también (lo demostró en la Selva del Lenguaje) y es que nos sorprende y nos ayuda esta cualidad suya que es la que le permitirá a lo largo de Anatomía del miedo realizar un casi completo análisis fenomenológico, cognitivo y clínico de los miedos dividiéndolos en grupos y dándoles el nombre adecuado (la medida adecuada). Y es que Marina sabe, como decía Valery, que una palabra, en este caso “miedo” dicha así completamente sola, “cogida por las alas, se venga” y sabe también que el acto de “nombrar, es el Decir donde se manifiesta el misterio del ser” y así nosotros ahora decimos; La sombra del pasillo no era mas que la esquina de un mueble auxiliar. Y nos quedamos tranquilos.

Pues así es como opera Marina en Anatomía del miedo y como nos va apuntalando las sombras con sus nombres propios y tranquilizándolas en los muros conceptuales de nuestro cerebro; Saber que existen miedos contagiosos o colectivos, miedos individuales, aprehendidos, miedos que son estabilizadores entre el placer y el dolor y que incluso pueden protegernos. Saber distinguir entre el estrés la ansiedad y el pánico o descubrir el uso del miedo por la política, la iglesia, o algún estado a lo largo de la historia, así como los perfiles de los sujetos que padecen o utilizan a su favor estos diversos estados contra el otro, nos permite extraer de la sombra de la palabra “miedo” sus diferentes matices para así determinarlos en nuestra experiencia y vivencia, en último término, nos permite descubrirnos como sujetos que padecen o cómo sujetos que ponen en práctica algún mecanismo de “terror” contra el resto; Ya se sabe que todo viaje con sentido a de enfrentar a un hombre consigo mismo, y Marina consigue enfrentarnos a ese reflejo en el que nos reconocemos como “Humanos”, y sentimos miedo, aunque deseos de valor, también.

Sabemos entonces que si decimos José Antonio Marina, no necesitamos muchas mas presentaciones. Sabemos de qué hablamos porque como algunos miedos, esos que son aprehendidos, el nombre de José Antonio Marina, se acerca a nosotros desde el imaginario común. Sabemos también que en España todos nuestros filósofos son  a medias tintas divulgadores, pensadores, pedagogos y, a veces, horticultores, pero lo que aún desconocemos es ¿Miraremos atrás como hizo el Orfeo de Rilke a nuestro paso por este libro? ¿Nos vencerá el miedo o haremos caso omiso a “los pasos de aquellos otros dos que debían seguir” a Orfeo “en su descenso”? Aquellos otros dos que sin duda eran como dijo Hobbes; “Dos gemelos, yo, y mi miedo”.

A %d blogueros les gusta esto: