CONTRA LA CRISIS BUENAS SON POLLAS

En época de crisis robar un Sillar Romano con Relieves Fálicos cobra extraños sentidos: “Contra la crisis hazte con un imponente rabo de piedra”. Algo así han debido de pensar los ladrones de semejante artefacto de varios cientos de kilos de peso y que han hecho desparecer a base de gruazos (que no pollazos) de las burgalesas ruinas romanas de Clunia la pasada madrugada.

Las estatuas tienen ya desde la antigüedad una relación casi insensata con las crisis, con su reverso: el apogeo, y con la divinidad misma. En tiempos fecundos, uno (recién convertido en emperador), levantaba su estatuario personal por todas las calles y avenidas para que, en tiempos oscuros, los otros (o los demás) andaran por detrás descabezando colosos de piedra. De eso Calígula sabía bastante cuando le hizo cortar la cabeza a Júpiter Olímpico para remplazarla por la suya propia, algo que por ahorrarse unas pesetas quizá haga ahora que ha sido declarado Dios en plan romano y por pajarracos de todo agüero, el bueno de Kim Jong-un con las estatuas de su padre. No cesó ahí la obsesión de Calígula con las piedras (aunque también se lió a golpes con el mar declarándole la guerra), el hombrecillo levantó su propia figura en el Templo de Jerusalén (para gusto estético de los judios) y arrampló con toda la iconografía griega que encontró reemplazándola por lo que tanto más le gustara: cerdos y otros animales. A su muerte, claro está, los unos y los otros se liaron a golpes con sus retratos, iconos y pedruscos y los hicieron desaparecer de la faz de la tierra, lo mismo que le pasó a Sadam hace no poco con menos gloria e igual barullo. Quizá la mayor y única aportación Más

CON LA BOCA CERRADA NO SE PIERDEN VOTOS

Es extraño que ante una noticia como la de que Amaiur se queda sin grupo propio no demuestre una jocosa hilaridad y una desbordada alegría pero uno se educa en la lectura de “su” propia y de la “otra” (más grande) historia.

Mi vida sentimental se ha forjado y sobre todo desforjado (roto, desgranado, desmontado y deconstruído) siempre en torno a una más que habitual manía: es la manía de abrir la boca. La manía de hacerlo demasiado, hacerlo en el modo no esperado, hacerlo en el momento menos idóneo, hacerlo en fin, como si sólo me gustara escucharme a mi mismo y yo, y yo, y yo.

Que por la boca muere el pez lo saben bien los salmones.

Después de varios años de formaciones “políticas” vetadas en Más

Necesidad de un western

Decía Cioran que históricamente España tuvo comienzos fulgurantes, que llegada demasiado pronto, trastornó el mundo y se dejó caer: «esta caída se me reveló un día. Fue en Valladolid, en la Casa de Cervantes. Una vieja de apariencia vulgar, contemplaba el retrato de Felipe III; “Un loco”, le dije. Ella se volvió hacia mí: “Con él comenzó nuestra decadencia”. Yo estaba en el corazón del problema. “¡Nuestra decadencia!”. Así que, pensé, la decadencia es, en España, un concepto corriente, nacional, un cliché, una divisa oficial».

Hacer caso a Cioran siempre es tan peligroso como no escucharle pero desde luego sus palabras nos dejan un soniquete en la cabeza: sin duda Cioran desea señalar la antigüedad histórica de nuestro país que se reveló como primera potencia al descubrir las Américas y que alcanzó su clímax con Felipe II para sumirse después en una larga pérdida. Toda esta caída anterior al resurgir de los nuevos y grandes imperios del siglo XIX nos confiere (frente a otras naciones) un aspecto de cansancio infinito, una embrutecida sensación de estupidez, la señal de la vagancia que antecede a un naufragio, como si efectivamente viviéramos de más y nuestro futuro ya hubiera sido y no fuera a ser.

Nuestro único relato de superación y heroísmo (abandonado nuestro Cid a las puertas de Valencia) se forja en la figura del pillo, alguien que (LEER MÁS EN ÁMBITO CULTURAL)

ÉRASE UNA VEZ UN MUNDO AL REVÉS.

Una de las mejores cosas de votar sin duda, es que, pese a que llevo ocho años en la ciudad de los cielos ilimitados, continúo empadronado en la capital económica vasca, el Gran Bilbao llamado Gran por su corazón ya que dudo que sea por su ensanche aún incluyendo las dos márgenes hasta el mar. Ésta, a todas luces descabellada desviación territorial que no me permite acceder a ayudas en la generalísima capital, me permite encontrar una excusa para visitar a mi madre y asistir con ella y mis amigos a mi viejo colegio de infancia así como a los posteriores recuentos. Los vemos con el ansia en la boca, los celebramos como partituras de Beethoven. Obligados por una tradición familiar mi madre y yo, así como mis amigos, nos cambiamos los votos así que yo voto a lo que ella vota y ella vota a lo que yo voto y mi amigo vota lo del otro y el otro lo del de mas allá. Se trata de un humilde ejercicio democrático que intentamos trasladar desde los salones de nuestras casas hacía toda la ciudadanía.
Sobra decir que desde mi más tierna infancia la única razón que me hacía desear ser mayor de edad era Más

Celebrar la Disidencia

Pitcairn es el nombre de aquella isla en la que los marineros de la Bounty, fueron a dar con sus huesos después del famoso motín a bordo. Es también el país del mundo conocido con menos población habida, unos cuarenta y seis habitantes, nueve familias; y el primer lugar del planeta en el que se aprobó el sufragio femenino. Una isla que es también un paradigma de la extrañeza, casi un espejismo de la ficción, una especie de reducto de lo que, aparentemente, resulta fuera de lo normal, ajeno, exótico y extraño.

Una de las intenciones de la literatura ha sido contar la realidad, acercarse a la realidad, ya sea social (de denuncia), personal (psicológica) o mísera (cotidiana) del ser humano. Del mismo modo otra opción de la literatura ha sido la de contar la ficción, celebrar la ficción como si acaso fuera una realidad, como si acaso fuera la realidad, recordándole al lector su capacidad de otredad o de excelencia, pero en cualquier caso, tanto en lo uno como en lo otro, la literatura no ha dejado de ser un sistema que permite alejarse, defenderse o superar el infortunio. Me temo que en una época como ésta que (LEER MAS EN AMBITO CULTURAL)

Yo no brindo.

829 víctimas después y 38 secuestros más tarde, ETA recoge esa frase tan pronunciada últimamente y anuncia el “cese definitivo de la actividad armada” como era de esperar en campaña preelectoral, con un socialismo arrasado y temeroso, una derecha en ascenso y una “izquierda” independentista que está en plena forma para dirigir el ataque, o la lucha, o eso que sea lo que deba hacerse ahora por el bien del pueblo vasco y su libertad y en nombre de la autodeterminación, la soberanía y aquí paz y después guerra.
Decía Benjamín Jarnés que Más

NOSTÁLGICAS BALCONADAS

Recuerdo aquellos días del chollo y el bombazo, de la España del helado, la pizza y noche en la Ópera del Real, cuando nuestra alegre situación nos permitía enfrentar las más peregrinas preocupaciones como primeras causas de malestar profundo para la ciudadanía: la guerra de Irak, el Prestige, nuestros soldados, nuestros pececitos. La ciudadanía empleaba entonces sus balcones para hacerse escuchar con una rabia que tenía algo de alienación, se desgañitaban ortotipograficamente como burros sordomudos, y así reclamaban el “No a la guerra” y el “Nunca mais” como si acaso nos fuera la vida en ello. En épocas boyantes la biografía social se conforma con pequeñas aspiraciones. Madrid parecía una selva de carteles reivindicativos. De entre ellos, pues siempre existen pecadores y pecados, recuerdo con especial devoción aquel vecino a lo Cioran que en Huertas colgó de lado a lado de la calle una sábana pintada en la que reclamaba con manifiesto desconcierto: “Yo quiero ser siempre el otro”. ¡Aleluya hermano! Estaba también aquel gato ingenioso en Carabanchel que proclamó “Yo quiero que me arreglen la cocina”, y es que barrer para casa es mejor que barrer la casa y él lo sabia. La carteleria perecía el espacio de debate en el que el ciudadano, balcón a balcón, como pechito con pechito, se posicionaba contra o a favor de su vecino. Eran tiempos Más

Anteriores Entradas antiguas Siguiente Entradas recientes

A %d blogueros les gusta esto: