Oído cocina.

En estos días el mundo está sufriendo ciertas convulsiones de primera plana que hacen las delicias de cualquiera que se dedique a la lectura de periódicos y no al sector de las agencias de viajes. El camping a lo bestia que ha montado Mubarak en la plaza De la Liberación va haciendo historia en los titulares, como por otra parte debe de ser y es, por la importancia de la noticia y porque así lo indican las tablas de los editoriales de los periódicos. Y es que todos sabemos que un muerto en Almería vale más que diez muertos en el Magreb (en lo que a un medio Español atañe)  y del mismo modo un sarao revolucionario con ecos estudiantiles y emblemas pacifistas en Egipto, vale también más que algunas peripecias de nuestra política radial. Y es lógico. Pero del mismo modo del que lo sabemos nosotros lo saben los otros.

El País Vasco, mí País Vasco de boina y pandereta ha dejado de ser noticia durante estas semanas pasadas y eso (que en principio no es malo) lo es si sopesamos que El País Vasco siempre ha sabido cuando le interesa ser noticia y cuando no. En temporada baja, cuando todo son publirreportajes y aprieta el calor de verano pueden darnos cualquier suculento titular (un tupper sin comida, una manifestación que ensalza la virtud del pueblo, una bronca que deja claro la confianza en sus presos). En temporada alta, cuando ocurren más cosas en el exterior y se saben a resguardo de la noticia extranjera dicen cosas y lanzan señales con la boca pequeña y mucho interés, de ese interés que tienen los amantes cuando, en una comida de muchos comensales, hacen manitas bajo la mesa.

El nuevo partido con el que la izquierda abertzale desea abrirse camino, Sortu, ha realizado durante estos días un ligero esfuerzo por separarse del discurso de apoyo a banda armada y retornar a la liga de los grandes, donde los partidos democráticos demuestran su valía, su valor, sus agallas y su buen hacer publicitario. Las declaraciones no han pasado de algunas notas breves entre el revuelo de Mubarak, como tampoco ha llegado mucho más allá la condena que el supremo ha anulado a Otegi por un “supuesto prejuicio de la Juez Murillo” que en su día le dijo al hombre lo que le dio la gana. Ambas cosas en los mismos días, sumadas a la reapertura del debate sobre los presos políticos que ocurren tras la detención de hace un mes de 10 supuestos integrantes de aparatos de apoyo a los comandos, entre los que destacaba el hijo de Txelui Moreno, el dirigente y voz de la izquierda abertzale (y es que a ningún padre le gusta que le procesen al hijo) forman parte de lo mismo: las habichuelas que se están cocinando en la recocina del país mientras nosotros, en el salón, nos comemos la ensaimada revolucionaria de oriente próximo.

Es el baile de máscaras al que sólo se invita a los que tienen RH y responde a esa doble moral festiva por la que cualquier declaración, cambio de dirección o supuesta muestra de buena fe, se realiza del modo más soterrado posible (no vaya a ser que tengamos que desdecirnos o enfademos a las bases). Y es eso, la certeza de que, aunque cambie a medias tintas el discurso no parecen cambiar los hábitos del monje, lo que me hace desconfiar, como siempre, de aquello que se cuece a fuego lento en mi querido País Vasco.

Oído cocina, ponme una de lo de siempre.

 

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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Célig
    Feb 14, 2011 @ 13:24:46

    He ahí la capacidad de redención de unos chicos malos que en varias semanas ven la luz, Quo vadis, y se vuelven buenos, adictos como nunca a la ley de partidos. Yo también desconfío. No han visto la luz, sino las tinieblas de la pérdida de poder y eso es duro teniendo en cuenta la tajada que tienen en este querido país.

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  2. urkiola
    Feb 14, 2011 @ 14:52:39

    sortu = e.t.a

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  3. Guillermo Aguirre
    Feb 14, 2011 @ 15:52:46

    No, Urkiola, no es tanto así y hay que tener cuidado con aseveraciones de ese tipo. Pero Sortu si que responde, al menos, a una dialéctica afín con cierto nacionalismo político que no acaba de definir bien su campo de acción, ni sus verdaderas intenciones o intereses, así como su política interna. Aralar, por ejemplo, fue clara a este respecto en su día y, a día de hoy, no existe problema ni aspecto evidente por el que no pueda jugar con los demás a la política.

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  4. Sheylaa
    Feb 25, 2011 @ 18:12:47

    Acabo de descubrir tu blog, simplemente queria felicitarte.gag

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