El perdón de Cristo

Leo por aquí y por allá que a Tolstoi, a los 100 años de que cogiera aquel tren camino a ninguna parte en Astápovo, la Iglesia Ortodoxa Rusa no acaba de perdonarle su intransigente postura hacia ellos, a los que veía como macacos del pleistoceno adorantes de ídolos opiáceos y firmemente arraigados a rituales paganos envilecedores que poco o nada tenían que ver con las enseñanzas de Cristo en el sermón del montañón, a saber: ama al prójimo como a ti mismo, pon en la liza el otro papo para el sopapo. El pueblo ruso se preocupa por la celestial salud de su escritor y la prensa le da al asunto un titular como si fuera merecedor de ello, cuando es seguro que al susodicho este asunto le importaba dos huevos más pútridos o fatídicos que aquellos de la novela de Bulgakov.

La iglesia, venga de donde venga y con su orgullo de escapulario, sólo se puede permitir perdonar a aquellos cuyos atentados le producen un daño nulo o, más bien, una hilaridad jocosa, y no es éste el caso de León Tolstoi. No hace ni un año que nuestro Vaticano, a través de su periódico L’Osservatore Romano, (LEER MÁS EN LA REVISTA CULTURA+)

 

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