Alto a la autoridad

Voces en Ruidera

Francisco García Pavón

Pag: 253

Ediciones Rey Lear.

 

Así como vuelven los superhéroes al cine, regresan a la literatura los detectives. Ya sea porque se reeditan (éste es el caso) o porque aparecen otros de nueva manufactura, la cosa está en que uno al leer obras como Voces en Ruidera, de nuestro amigo Paquito – Francisco García Pavón- no puede dejar de imaginarse una picaresca comida con Carvalho, El Padre J. Brown, el bueno de Maigret, Carlos Clot o el “detective” sin nombre del Misterio de la cripta embrujada, todos juntos y arremolinados en torno al héroe que aquí nos llega, el rural y activo jefe de la guardia municipal de Tomelloso, Manuel González, alias Plinio, en toda la España de la transición mundialmente conocido.

La acción de la novela se desarrolla en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme – aunque el título en ello es ilustrativo- y el germen de la misma son unas extrañas voces que se escuchan por la noche en un pueblucho de aquellos lares, unos alaridos, sin paz ni misericordia, que tienen aterrados a los clientes de un hotel rural. Alaridos estos que Plinio junto con su amigo Don Lotario – versión Watson a la Cervantina- irá a investigar hasta Ruidera y que serán la coartada de otra investigación paralela, a saber: el secuestro de alguien importante en manos de unos Argentinos que se cree están en la zona. Alaridos estos (Ahahahahahahahaha ¿Tenebroso no?) que encerrarán un misterio mucho más oscuro que lo que se cree y que se acabarán por resolver después de una exhaustiva investigación de aquellas míticas, es decir, sin pegar un tiro, palillo en boca, y con las manos siempre en los bolsillos.

Y digo que la novela resolverá el problema de los alaridos, mucho más inquietante en un pueblo de ánimas y paisajes desolados; y no el otro los Argentinos y el secuestro, que se supone más importante para el estado y que se soluciona, según nos cuentan, desde arriba. A saber, cosa de las gentes importantes. Aporta, así, la novela la primera de las múltiples rupturas al género negro del que Francisco García Pavón fue pionero en nuestro país: la no resolución de alguno de los objetivos.

El enredo, que nos traerá de manga un montón de personajes a plumilla: una puta que se cree psicóloga, una niña ahogada, un agricultor que escucha voces y ve muertos vestidos de paisano, un maniaco sexual, un enano altivo -valga la contradicción- y un filósofo de monte y bastón; tiene ese uso léxico y sintáctico, marca natural del autor, que ya habrá seducido al que lo conozca y al que no desde luego seducirá: a todos ojos  y orejas una enorme aportación a la letra patria de la literaturización de lo rural en el más alto de sus exponentes poéticos e incluso filosóficos, véase usté, hasta donde llega uno de entendederas. Voz ésta, más voz que el alarido de Ruidera (Ahahahahahahaha), que nos llevará cabalgando a lo largo y ancho de esta novela de planicie, sátira moral y social, burlesca peripecia y negro contenido, para otro caso de nuestro amigo Plinio – que está ahora, de nuevo, carrillo con carrillo, comiendo con Carvalho, Maigret, el Padre J. Brown y Carlos Clot- hasta que de nuevo la editorial Rey Lear lo llame para resolver otro de nuestros castellanos y áridos enigmas.

Buen provecho, paisanos.

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