A gusano pasado no le mires el diente.

Indudables son los placeres que Internet, a su paso, o su galope más bien, nos ha dado a lo largo de los años. Entre estos placeres se encuentra el del Doppelgänger, por ejemplo, ´-éste de que yo (o tú) podamos estar a un mismo tiempo en la oficina, en el blog, en Faceboock y visitando las colinas de Manchuria a través de Google Earth. El caballo Temugin también se ha llevado algunas cosas (como aquella hierba que clareaba al paso de Atila). Nos ha quitado las cartas manuscritas y su ansiosa y proustiana espera. Se ha llevado los discos blandos de carga que paralizaban cómodamente a las empresas por horas enteras, nos ha robado la distancia y todos los ecos que pueblan la distancia de románticas pretensiones. Pero en general eso; se ha llevado cierto romanticismo que ahora busca nuevas formas de competición en la red y en los siempre evidentes emoticonos. El libro, cuyo formato tiene de por sí algo romántico, tampoco ha sabido adaptarse del todo a la impaciencia del nuevo titán. Con cierta incapacidad, como un anciano sentado en una silla de Ikea, ha pretendido las acotaciones de los sms, ha copiado los emails y a veces, incluso, intenta ilustrarse con arrobas y cajas de mensaje.

No hace mucho saltó por FB el bulo de que habíamos alcanzado la fecha en la que McFly regresa al futuro. El bulo se ilustraba con un pantallazo de la captura del salpicadero del Sedan postapocalíptico, en la que los números de reloj despertador de la máquina-flufo marcaban el 2010 como fecha de destino. Si bien no era cierto, la fecha era en realidad el 2015, no podemos sino sonreír con estupidez ante aquel futuro de cafeterías fifties, peinados eighties y patines voladores (Dios tenga en su gloria a Jimi Heselden  y su Segway, que al menos lo intentó). También hemos alcanzado la fecha en la que Demolition Man intentaba despertar a base de tortazos a una sociedad a lo Mundo Feliz, dominada por un liberalismo despótico de cuño tiránico, con coches voladores, trajes neopreno, sexo virtual y restaurantes que sólo eran Pizza Hut. Pronto, en el 2019, tomaremos contacto con nuestra propia Blade Runner y seguro que no resulta tan futurista (en el sentido arquitectónico y teórico de la palabra) y seguro que Harrison Ford no está para la fecha tan, tan joven como entonces. Las películas ya no se sueñan en el futuro, lo hacen en el presente y, además, usando la tecnología y nuestro desconocimiento como si acaso fuera un Deux ex machina (o mejor machina ex Deux) al que no podemos replicar: clones, aparatos espía terriblemente sofisticados, seguidores en red que nos dicen donde se encuentra alguien en todo momento, escuchas a móviles estén donde estén en cuestión de segundos, mundos virtuales paralelos o paralerdos y toda clase de peregrinas suposiciones electrónicas, mecánicas y tecnológicas en un “todo es posible” permanente. La ciencia ficción, o la ciencia-acción sin más, ya no resulta tan romántica como antes.

Es por ello que me alegro ante Stuxnet, al que por alguna clase de desviación semántica no puedo dejar de llamar Spontex. Me alegro porque a Stuxnet le entendemos, porque, si bien se trata de un virus informático, un hábil gusano de la nueva era, con sus mutaciones código y toda su mala hostia troyana, que ha puesto en pie al gobierno iraní, que señala a Estados Unidos o a Israel como causante del ataque masivo a los ordenadores de sus centrales nucleares, también es cierto que, por las herméticas características de los software de dichas centrales (y de otras de este tipo), se dice que el virus sólo ha podido entrar en el sistema a través de un USB, un DVD, o cualquier clase de unidad externa ajena al aparato de la web. Eliminada Internet de la ecuación, la noticia resulta mucho más fértil en imágenes (recuerdo ahora La Red, The Net, la peli de Irwin Winkler y todo su noventero romanticismo a lo Amstrad o MsDos). Veo una red de captación (valga la rebuznancia)  y todo un revuelo de espiócratas y políticos: un trabajador iraní del servicio de limpieza de las centrales nucleares  con un disco externo en el carrito de la lejía y el abrillantador, un trabajador que ha sido captado a través de su prima, que estaba casada con un tipo de Azerbaiyán, que tenía un amigo que tenía otro amigo en Alpine, Arizona, que trabajaba para los Primos de la CIA, que decía el Foreign Office de Le Carré. China se pronuncia hoy. Dice que Stuxnet ya se ha dirigido a ellos y a sus fábricas y que ha infectado algunos de sus ordenadores de las principales industrias del país. Lo dice el South China Morning Post, al tiempo que otros dicen haber encontrado un mensaje Bíblico del antiguo testamento en los ficheros del gusano-termita. Entre tanto, Ralph Langner, investigador alemán de seguridad informática “citado en la revista digital Wired”, califica Stuxnet de “arma de un solo tiro”. Tras los procesos que desencadena ese gusano se puede “esperar que algo estalle”, dice. Reclama. A Stuxnet Le llaman el primer síntoma de la guerra cibernética, y yo encuentro románticos ecos de la guerra fría en todo esto. Veo hombres con gabardinas, citas en lugares desiertos, analistas e informáticos en sótanos exclusa, papeles sellados con prioridad de valija y encuentros político-mediáticos de media noche, y siento que aún se puede esperar más de la tecnología, más, mucho más romanticismo. No se abre el telón. ¿Cómo se llama la película? El telón de acero. Y Dios en la de todos.

enlaces de intertés

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. A. Martinez
    Oct 02, 2010 @ 19:32:22

    Animo. Eres de los últimos enlaces entre la época precibernética y la intensamente tecnológica. Es bueno que sepas buscar enlaces. Son la respiración de la historia

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  2. Guillermo Aguirre
    Nov 20, 2010 @ 12:01:09

    El sobaco o la respiración de la historia.

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  3. Guillermo Aguirre
    Nov 20, 2010 @ 12:01:28

    la transpiración, sorrie.

    Responder

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