reseña a Tiro de apertura, de Pietro Grossi.

CARAMBA, CARAMBOLA

Tiro de apertura

Pietro Grossi

El Aleph Editores

170 Pag.

Tiro de apertura es el golpe con el que se abre una partida de billar y una partida de billar es sinónimo de todo aquello que en este mundo está ordenado y resulta controlable, coherente, o al menos, así es como piensa y lo ve Dino, el protagonista de esta primera novela de Pietro Grossi, que ya despuntó como escritor en un anterior libro de relatos titulado Pugni, y que no sin razón, se perfila como una de las voces más frescas, claras, seguras y rotundas, de la nueva narrativa Italiana.

Pero un tiro de apertura también es mucho más: es un principio matemático. Un principio –lente, ecuación- desde el que observar la realidad del universo y cuestionarla, medirla, acercarse a ella, o representarla –acertadamente o no-. Lo es para Dino, como lo es, así mismo, su trabajo de empedrar calles, un trabajo igualmente controlable y cuasi-matemático, para un hombre que no tiene más pasiones que estas dos, y cuyo paso por la vida resulta – por voluntad propia y deseo- silencioso, neutral, diminuto. Un hombre de a pié, un trabajador, un hombre cálido y afable, amigo de sus amigos, sencillo y modesto que se alza en está novela como el héroe cotidiano que cualquiera pudiera llegar a ser y que jamás sería de no ser porqué una buena mañana, dos noticias harán temblar todas y cada una de las bolas que decoran el tapete existencial de nuestro protagonista.  La mujer de Dino, Sofía, dirá: estamos a punto de ser padres. El ayuntamiento de la ciudad de Dino, observará: llega el asfalto.

Comenzará así la epopeya de este hombre de a pié, una epopeya en la que solo brillará el billar y qué mezclada con una trama de corrupción del ayuntamiento, con una trama terrorista perpetrada por un amigo de Dino, con la lenta germinación del bebé en el feto de Sofía y con el perseverante, ácido y pringoso, avance del asfalto – La Oscuridad con mayúscula, el vacío, el sin-sentido- hará rodar la novela hasta la última de sus consecuencias, drástica consecuencia, pero, así mismo, tan inevitable y azarosa, que supondrá para Dino una extraña revelación, la constatación de que ni en el billar existe el orden absoluto: la posibilidad de re-plantearse un nuevo Tiro de apertura.

Pero no crean que por lo dicho estamos ante un drama. No sería cierto. La sutil inteligencia de está novela está exactamente en la presentación de los hechos y la transcripción de los mismos. Una presentación sencilla, tierna, que nos acerca con rotundidad – quizá esa misma rotundidad que tienen los empedrados de las calles- a las verdades más básicas de la vida, y, así mismo, se nos describe con la luminosidad y los rápidos destellos coloristas que tienen las bolas de billar al golpearse. Ningún elemento sobra en una novela parca en ellos, de muy cuidada elaboración, a caballo entre un existencialismo –entresacado, sin plomo- y el cine de Benigni, y que golpe a golpe, banda a banda, se crece en una partida con la vida en la que solo al fin, a la hora de sumar los tantos, podrá uno hacer recuento de lo jugado, lo perdido o ganado, y lo puesto sobre el tapete.

Un trago de agua fresca. Un feliz descubrimiento

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