reseña a Los heridos graves, de Julieta Valero.

¡ABRAN PASO. ESTO ES UNA URGENCIA!

Los heridos graves

Julieta Valero

DVD ediciones.

102 pp.

A priori Los heridos graves parecen ser aquellos que abundan en las clínicas y no esos otros (todos nosotros) que van de sus casas a las calles como embozados de oscuridad buscando en lo privado –cuerpo, casa, órgano- y en lo público –calle, jardín, ciudad- ese Ello que los libere de morir de un mal elemental (…) en ausencia de héroes.

Julieta Valero (Madrid 1971) quizá sea también un Herido Grave; aquel que nos trae este libro –IV premio de poesía joven radio 3- que se acerca a la sustancia del hombre a través de su dolor. (Te he herido, te he herido, no escondas la sangre – algo aprendí del hermano lobo- puedo oler las fallas, la carne que se abre sonriendo)

Y es que si la enfermedad nos humilla. Si la enfermedad del alma o del cuerpo denigra, este libro nos ama en tanto nos enseña nuestra naturaleza humillada: la inútil sed de correspondencias en el amor, la infructuosa necesidad de absolutos (Es terrible que un niño presencie la belleza/ porque habrá de reconocerla, dará cobijo a un sueño/ y la vida le sucederá como una cacería de vanas semejanzas) o la incongruencia de haber nacido sin respuestas, son cuestiones que aquí quedan patentes, trascendidas a lo sagrado a través del ritmo y vívidas y superadas, al final.

Como esos amigos que nos quieren y nos repiten cual es el material, la carne en la que nos pronunciamos actores permanentes del delito de existir, así, esta voz poética, se interroga, se reprende y se aprende asimilando el dolor de un modo que va mucho más allá del sentido: hasta ese ámbito de lo formal en el que Los Heridos Graves resplandece de igual modo. La estrofa fragmentaria (sin versar) compuesta por frases largas a modo de aquellas Stèles de Victor Segalen y que abunda al principio del volumen, va poco a poco variando hasta una ordenación final en la que los poemas se dibujan ya con estrofas claras y versos definidos, esto es: La voz poética que es también la del Herido Grave se ordena tras haber luchado y vencido su dolor: cuando aprende, sana. Cuando sana, se ordena.

Explicado así uno pensaría que hablo de un poema largo. Falso. Los Heridos Graves no es libro de un solo poema aunque tenga una gran entidad unitaria. En el se vierten 97 poemas en dos esclarecedoras partes; “Los Heridos Graves” y “Sobreponerse” entre los que se me hace indispensable nombrar “Para tratar con el mono” donde el Herido Grave encuentra su origen (he llegado hasta el mono/ me tiendo junto a él por esta noche) “El príncipe y su hermana” poema en dos partes que va de lo personal: un hermano, al concepto del hombre como hermano y que así nos sorprende con el relativismo o la “Canción del empleado” que abre el volumen y sin el que el libro sería impensable.

Las influencias son muchas y van desde los Místicos hasta Vallejo pasando por el litúrgico Saint John Perse de Crónica. De cualquier modo están perfectamente asimiladas así que el tono y la voz resultante es pasmosamente personal, evocadora y oscura, bella como ese Otoño que es una promesa de sucesos y barcos, una Jerusalén de noches dislocadas. Se podría decir que aquello que Julieta comenzó a trabajar en Altar de los días parados (Bartleby 2003) aquí cristaliza.

Si haber nacido es per se una enfermedad vital, crecer -a lo largo de este volumen, por ejemplo- parece el único modo de sobreponerse. Y aún mejor, en el centro del recorrido habrás ganado. En ese centro podrás decir: He vivido.

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