reseña a El hermano de las moscas, de Jon Bilbao.

UN INSECTO ME ESPERA

 

El hermano de las moscas

Jon Bilbao.

Ed. Salto de página.

Pp: 374.

¿Qué dirías si un día apareciese enfermo tu hermano – ese hermano bonachón aunque irresponsable al que siempre hay que sacar de apuros, algo así como un parásito- y esa noche se convirtiera en miles de moscas que llenaran tu cuarto de invitados? ¿Qué dirías si hubieras de ser tú – no queda otro remedio- quién tiene que cuidar de tanto insecto? ¿Qué dirías si justo ocurre el mismo día en el que ha nacido tu hija? ¿Qué dirías si diez días después las moscas desaparecieran y reapareciera tu hermano?  ¿Qué diría tu mujer? ¿Y si esto se produjera cada doce meses primero y después cada vez más pronto…más pronto…más pronto…? ¿Qué resolución cabría tomar?

Estas son las preguntas que es lícito hacernos al comenzar la lectura de El hermano de las moscas opera prima de Jon Bilbao (Ribadesella 1972) en lo que a novela se refiere y que nos trae Salto de página, una editorial emergente con una apuesta moderna y de calidad. El hermano de las moscas es buen reflejo de esto, y si bien, las fuentes del libro son evidentes  – La metamorfosis de Kafka o La muerte de Iván Ilich de Dovstoievky, dos novelas reveladoras- el autor tiene la lucidez de nombrarlas  antes de que los claros paralelismos ahonden en la relación del lector con el libro. Lejos de hacerlo, la novela propone una nueva relación con la enfermedad.

Aquí nadie da de lado al hermano de las moscas – tu hermano recién aparecido- y aunque en algún momento pueda pensarse que sí, contrariamente a La metamorfosis o a La muerte de…, las moscas, la enfermedad, suponen para la familia de la novela – tu familia que justo acaba de serlo al tener una niña- una atracción – la atracción de lo repulsivo- una envidia – por la liberación que el hermano de las moscas siente en sus metamorfosis- y un tema recurrente para la investigación y el interés afín a los hombres – la necesidad de descubrir lo extraño- exactamente eso que nunca será resuelto. Así, El hermano de las moscas da razones para vivir a una familia responsable, aburrida, apocada y que, por lo demás, hubiera pasado de largo por su propio acontecer. Esta es la nueva aportación de la enfermedad: Un último atisbo de sentido existencial, pero no para el paciente – tu hermano, el de las moscas- que continuará perdido, sino para aquellos que le rodean – tu y los tuyos-.

Reseñable a este respecto por su fuerza es una escena –casi mística- en la que desnuda de ropa, la mujer del hermano de las moscas – tu mujer- penetra en el cuarto y se abandona a la curiosidad de los insectos y a la suya propia.

Una novela que crece en muchas y simbólicas direcciones, gracias a las referencias históricas que han existido sobre las moscas – transcritas aquí a través de un diario que la familia guarda para intentar acercase al enigma- y que dotan de múltiples sentidos a una enfermedad que al final no tendrá ninguno, porque la enfermedad carece de sentido.

Sorprende la escritura clara para tema tan oscuro. Concisa aunque para nada evidente. El tratamiento que reciben los personajes que se nos presentan a hurtadillas a través de cada uno de sus cuchicheos, de cada uno de sus actos, reveladores y cercanos.

En cualquier caso solo se me ocurre añadir un detalle a un texto que no necesita ninguno, una frase de un poema de Saint John Perse que me viene a la cabeza y se queda en ella como zumbando tras la lectura: Ahora dejadme, me voy solo/ Saldré, pues tengo un asunto: un insecto me espera para hacer un trato.

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